Volver a ser principiante

Volver a ser principiante

person access_timeOct 5, 2026 show_chart85 Vistas chatComentarios
Por: Stephanie Lombardo

 

Este fin de semana hice dos cosas que hacía mucho tiempo no hacía simplemente porque sí.

La primera fue hacer pan desde cero.

No cualquier pan. Decidí intentar un nuevo batch de pan de muerto, una receta que había hecho hace tiempo, pero que después de aquel intento no volví a repetir. Retomarla significaba, en cierta forma, empezar de nuevo: recordar el proceso, probar y aceptar que había bastantes oportunidades para equivocarme.

La segunda ocurrió al día siguiente.

Hace aproximadamente un año tengo una cámara que compré con todas las intenciones de usarla en todo momento, sobre todo en mis viajes. La he usado, sí, pero todavía existe una diferencia enorme entre tener una cámara y sentirte cómoda con ella, saber que es parte de tu experiencia.

Así que quedé con un amigo y colega que sabe mucho más de fotografía que yo para hacer un photowalk. La idea era bastante sencilla: caminar, tomar fotos y, sobre todo, practicar.

Él me iba dando tips sobre técnica, luz, composición y configuración de la cámara. Yo probaba, volvía a probar y seguíamos caminando.

Y en algún momento del recorrido pensé algo bastante obvio:

Esto se consigue practicando.

No había ningún secreto.

Para sentirme cómoda con la cámara tenía que usar la cámara.

Así como para aprender a hacer pan tenía que hacer pan.

Y probablemente, para hablar japonés algún día, tendré que atravesar muchas clases en las que apenas entiendo lo que estoy diciendo.

Últimamente me encuentro haciendo muchas cosas así.

Estoy viendo películas que probablemente hace seis meses ni siquiera se me habría ocurrido ver. Estoy prestándole atención a historias, imágenes, sabores y experiencias que antes quizás habrían pasado frente a mí sin tocarme demasiado.

Incluso empecé a estudiar japonés, un idioma completamente desconocido para mí.

No sé exactamente cuándo ocurrió, pero siento que estoy atravesando un período de mucha apertura.

Tengo ganas de aprender.

Y no necesariamente de aprender cosas que tengan una utilidad inmediata.

No necesito saber hacer pan. Tampoco necesito convertirme en fotógrafa. Y estudiar japonés, más allá de mi próximo viaje, tampoco responde a una necesidad profesional.

Quizás estoy en ese momento en el que estoy aprendiendo nuevamente a disfrutar cosas que no siguen un itinerario profesional, sino que tienen el propósito de vivir más en el presente.

Quizás por eso este fin de semana me llamó tanto la atención.

Durante buena parte de nuestra vida adulta, pareciera que hacemos las cosas porque tienen que llevarnos hacia algún lugar. Aprendemos algo para mejorar profesionalmente. Hacemos ejercicio para conseguir determinado resultado. Tomamos un curso para adquirir una habilidad. Leemos para saber más.

Y, sin darnos cuenta, podemos perder un poco la costumbre de hacer algo simplemente porque queremos descubrir qué se siente hacerlo.

También creo que de adultos nos cuesta ser principiantes.

Estamos demasiado acostumbrados a saber.

A resolver.

A tener respuestas.

A sentirnos competentes.

Ser principiante implica exactamente lo contrario. Significa aceptar que algo puede salir mal. Que probablemente vas a necesitar ayuda. Que alguien tendrá que explicarte algo que para esa persona es completamente evidente. Que el primer pan puede no quedar como imaginabas y que algunas fotos no van a parecerse en nada a lo que estabas viendo con tus propios ojos.

Pero también significa que todavía hay muchísimo por descubrir.

Quizás eso es lo que más me interesa de este momento.

No necesariamente las cosas nuevas que estoy aprendiendo, sino lo que está pasando con mi manera de mirar.

Siento que hay cosas que ahora llegan a mis sentidos que antes no llegaban.

Una película.

Una fotografía.

Un idioma completamente desconocido.

La textura de una masa entre las manos.

Una escena que antes habría pasado de largo y que ahora me hace detenerme.

Y pienso que quizás aprender también sea eso: entrenar nuestra capacidad de prestar atención.

La práctica eventualmente hará que algunas cosas sean más fáciles. Entenderé mejor mi cámara. Mis próximos panes seguramente saldrán distintos. Algún día reconoceré frases en japonés que hoy me parecen imposibles.

Pero no tengo tanta prisa.

Hay algo bonito en este punto en el que todavía estoy descubriendo.

En volver a hacer cosas por curiosidad.

En permitir que algo me salga regular y querer intentarlo otra vez.

En pedirle a alguien que sabe más que me enseñe.

En mirar una película que nunca habría elegido.

En dejar que algo nuevo toque mis sentidos.

Quizás crecer no siempre consiste en saber más.

A veces también puede consistir en volver a estar dispuestos a no saber.

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Stephanie

 

 

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