Mantenimiento preventivo en sistemas de detección de gas y CO₂: clave para seguridad y continuidad operativa

Mantenimiento preventivo en sistemas de detección de gas y CO₂: clave para seguridad y continuidad operativa

person access_timeFeb 23, 2026 show_chart220 Vistas chatComentarios

Una fuga de gas no siempre empieza con fuego. Con frecuencia se manifiesta primero como malestar, mareos o irritación, y puede derivar en intoxicaciones, evacuaciones y cierre temporal de áreas críticas. En espacios de alta ocupación o alta demanda operativa, el impacto no se limita a la seguridad: también afecta la continuidad, la reputación y los costos de operación.

Sectores como educación, salud, hotelería, alimentos y bebidas, retail con cuartos fríos, centros logísticos, plantas industriales y edificios corporativos suelen operar con cocinas, calderas, salas técnicas, cuartos de máquinas o
áreas cerradas donde una fuga o acumulación de gas puede escalar rápidamente si el sistema de detección no responde como fue diseñado. En el caso de sistemas basados en CO2, el riesgo puede ser silencioso: en espacios con ventilación limitada, una acumulación puede desplazar oxígeno y generar síntomas que se confunden con cansancio o calor, lo que vuelve aún más importante la detección oportuna y la respuesta correcta.

“La diferencia entre tener un sistema y tener control es la verificación. Un detector puede estar instalado y aun así no ser confiable si no se calibra, si no se prueba su respuesta completa o si no está integrado correctamente con alarmas y ventilación”, señaló el Lic. Antonio Pérez, Gerente General de Grupo EULEN Panamá.

En la práctica, muchas fallas no se deben a falta de tecnología, sino a mantenimiento incompleto o a pruebas superficiales que no validan el sistema completo. Los hallazgos más comunes incluyen sensores fuera de calibración, alarmas que no se perciben en áreas ruidosas, señalización insuficiente, ventilación que no se activa
cuando corresponde, integración incompleta con sistemas del edificio y ausencia de bitácoras que permitan confirmar cuándo fue la última prueba funcional real. Cuando eso ocurre, el sistema existe, pero no necesariamente está listo para proteger.

“Un mantenimiento formal no revisa solo un panel; prueba escenarios y deja evidencia. Si el sistema detecta pero no activa la respuesta prevista, o si no hay registro de calibraciones y pruebas, la empresa queda expuesta. Esto es seguridad, pero también continuidad operativa”, añadió Pérez.

Panamá cuenta con un marco técnico vinculado al control preventivo de sustancias químicas en ambientes de trabajo, como el Reglamento Técnico DGNTI COPANIT 43 2001, que refuerza la lógica de proteger a las personas mediante prevención, control y documentación. En la práctica, esto se traduce en algo concreto para las operaciones: no basta con un panel en pared, se requiere un plan de mantenimiento con evidencia, pruebas periódicas y correctivos registrados.

Expertos de Grupo Eulen Panamá, señalan que el mantenimiento preventivo efectivo se enfoca en validar el circuito completo: que el detector detecte, que la alerta llegue a quienes deben actuar, que los procedimientos estén definidos y que, cuando aplique, la respuesta automática y la ventilación funcionen. En operaciones de alta
ocupación o servicio continuo, anticiparse puede ser la diferencia entre un evento controlado y una emergencia con consecuencias humanas, operativas y reputacionales.

Más allá de la seguridad, el impacto de una falla se mide en interrupciones, pérdidas y costos que rara vez se presupuestan. En ese sentido, hablar de detección de gas y CO2 no es hablar de infraestructura, sino de gestión del riesgo y continuidad del negocio: revisar, probar y dejar evidencia antes de que el sistema tenga que
demostrar su valor en el peor momento.

 



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